
Le conté que bailaba, que me gustaba bailar.
Le conté que viajé y busqué…y que bailé, bailé…¡pies de roble secando llamas!.
Me contagié de otros bailes, muchos otros…y reconocí el mío más íntimo…
Me volví barro, puro barro…y llamé al diluvio
¡Me hice fuego en azufre!, y entregué a mis ojos mil llamas de luces ardientes…
Amaneció y me llamó aquel rocío fresco de brillos parpadeantes…quizás luz…clara luz, parte de otras más…muchas otras.
Corrí hacia la calle y, quizás porque mis ojos aún extrañaban sueños, creí ver un baile antiguo, de alguien que no buscaba encontrar, de alguien que se encontraba al bailar…¡bailes dentro de bailes!, y bailaba…
…le seguí los pasos.

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